Diagnóstico de enfermedades

Introducción

Los patógenos que de forma más común veremos en plantas, son los hongos (no producen clorofila y dependen del huésped para poder subsistir). Las bacterias (incapaces de producir su propia energía) y nematodos (se alimentan del contenido celular del huésped) estarían en el siguiente nivel. Por último y no menos importante  están los virus (que modifican los núcleos celulares del huésped).

A parte de agentes infecciosos vivos como las bacterias, hongos, nematodos y virus, tenemos agentes no infecciosos tales como: carencias o excesos nutricionales, estrés y toxicidad.

Identificación y diagnosis

Teniendo sólo en cuenta a los agentes infecciosos podemos afirmar que existen infinidad de factores que pueden determinar que una planta sea más propensa a sufrir enfermedades o no. No obstante, dichas enfermedades, no se pueden dar a menos que: una planta sea susceptible de ser infectada, el ambiente sea favorable para la infección y exista un patógeno.

Los agentes no infecciosos causantes de enfermedades también son numerosos. Entre los más comunes tenemos exceso o falta de riego, pH del suelo incorrecto, tratamientos fitosanitarios mal aplicados, etc.

Debido a la cantidad de síntomas que se pueden dar y que aparentemente pueden resultar semejantes para diferentes enfermedades, no es posible hacer un diagnóstico fiable al 100% basándonos sólo en éstos. Por lo tanto debemos hacer un estudio más exhaustivo para encontrar solución al problema. Dicho estudio se podría dividir en dos partes: la referente a la percepción del problema y la referente a la determinación de la causa del problema.

A) Percepción del problema:

  1. Debemos realizar una observación detallada del espécimen enfermo y buscar síntomas que apunten a cual podría ser el problema. Un microscopio óptico o una simple lupa nos podría brindar una ayuda inestimable.
  2. También debemos observar el ambiente que rodea al espécimen (por ejemplo: sombra excesiva junto a una alta humedad) para darnos cuenta de qué puede estar propiciando el problema.
  3. Si disponemos de un cuaderno de notas donde llevemos un control sobre cualquier cambio que hayamos realizado en las actividades de, por ejemplo, mantenimiento del espécimen, debemos consultarlo. Éste podría contener información muy importante que en un principio y por olvido podríamos haber obviado. Si el cuaderno de notas está bien detallado y disponemos de un buen historial, también podemos consultar si en épocas pasadas tuvimos algún brote similar. Recuerde que ciertas plantas son más susceptibles a según que enfermedades en determinadas épocas.

B) Determinación de la causa:

  1. Los síntomas comunes (caida de hojas, amarilleamiento de éstas, etc.) están intrínsecamente ligados a muchos tipos de enfermedades. Por esa razón debemos recolectar otro tipo de información, como por ejemplo: dónde están las hojas amarillas, cuándo comenzaron a caerse, deformidades, etc. Todo ello nos ayudará una mejor diagnosis.
  2. Es sumamente importante realizar un análisis del soporte (suelo) para asegurar que el espécimen no esté sufriendo problemas nutricionales. Hoy en día se venden kits muy baratos que nos ayudarán a controlar el pH, nitrógeno, potasio y sodio en cuestión de minutos.

Planificación de la solución

Con la información recopilada en los apartados anteriores estaremos en disposición de crear un plan de actuación para solucionar el problema. Hay que recordar que si el problema viene dado por una mala práctica (por ejemplo: el riego moja en exceso las hojas favoreciendo la aparición de hongos), deberemos modificar dicho comportamiento antes de utilizar métodos más radicales como plaguicidas.

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